En el Día Mundial de la Diabetes, en Colectividades Antonia Navarro queremos recordar algo que vemos cada día: la alimentación en los comedores escolares, centros de día y residencias puede marcar una gran diferencia en la salud de las personas. No solo hablamos de nutrición, sino de bienestar, prevención y calidad de vida a largo plazo.

La Región de Murcia cuenta con 107.000 personas con diabetes, según el Servicio Murciano de Salud, y es además la segunda comunidad autónoma con mayor tasa de obesidad en España. Con este escenario, ofrecer menús equilibrados y adaptados se convierte en una responsabilidad que asumimos con compromiso y con orgullo.

En los colegios: adaptar sin señalar

La diabetes tipo 1 es una de las enfermedades crónicas más habituales en niños y niñas. Y para muchas familias, el comedor escolar es un apoyo imprescindible. Por eso, nuestro objetivo es claro: que los menores con diabetes coman seguros, tranquilos y sin sentirse diferentes.

Como explica nuestra nutricionista y especialista en diabetes, Inmaculada Llopis, el enfoque es sencillo:

“No se cambia, se ajusta. Se pesan los hidratos de carbono de cada ración siguiendo las pautas médicas, y se les sirve como a todos los demás alumnos”.

Esto permite que el niño o la niña mantenga su autonomía, participe en la vida del comedor como el resto y, sobre todo, disfrute de su comida sin preocupaciones añadidas.

Además, con la implantación del nuevo Real Decreto de Alimentación Escolar Saludable, se refuerza aún más un modelo que en Murcia ya veníamos aplicando desde 2010: más fruta, más verdura, más legumbres y pescado, y menos ultraprocesados.

“Los hábitos no cambian de un día para otro”, recuerda Llopis. “Pero insistir desde el comedor en lo saludable es esencial si queremos reducir la obesidad infantil y, a la larga, la diabetes”.

En las residencias: controlar sin quitar disfrute

En los centros de día y residencias, las necesidades son diferentes. La diabetes tipo 2 afecta a casi el 30% de las personas mayores de 75 años, y aquí el reto es encontrar el equilibrio perfecto entre salud y placer.

Como señala Olga Rojo, responsable del área de sanidad:

“Hay que controlar los picos de glucemia sin caer en dietas tan restrictivas que resten apetito. En la vejez, comer sigue siendo uno de los grandes placeres del día”.

Por eso diseñamos menús que cuidan la glucemia, pero también la textura, el sabor y el disfrute, teniendo en cuenta la masticación, la energía que necesitan y la coordinación diaria con el equipo sanitario del centro.

Un compromiso que se practica cada día

En Colectividades Antonia Navarro creemos firmemente que la restauración colectiva puede ser una poderosa herramienta de salud pública. Educamos, acompañamos y cuidamos desde la mesa, creando rutinas que ayudan a prevenir la obesidad, mejorar la calidad de vida y reducir el riesgo de diabetes.

Y lo hacemos desde lo cotidiano: un plato bien equilibrado, una textura adecuada, una ración ajustada, una fruta fresca servida a tiempo. Pequeños gestos que, sumados, construyen hábitos saludables para toda la vida.